|
Rumbo a Río Blanco
Por Francisco Javier Poblete
Una vez en la góndola y
después de bastantes cambios en los patios de maniobra, partimos
rumbo a Vilcuya, pequeña parada intermedia entre Los Andes y Río
Blanco. A la salida de Los Andes en los cruces de vía y al costado
del riel la gente saluda admirada a quienes vamos en la góndola,
camiones y automóviles deben dar paso a esta pequeña que comienza a
adentrarse en los contrafuertes cordilleranos.
 
Al llegar a Juncal paramos
para hacer un pequeño recorrido por la zona, a pesar de la llovizna
el espíritu aventurero pudo más.
 
Es justamente en el Juncal,
donde debemos dar el paso al tren que va en busca del cobre de La
Andina

Seguimos la travesía hasta
llegar a el salto del soldado, accidente geográfico que dio mas de
algún dolor de cabeza a quienes planificaban la ruta del trasandino.
Entre túneles y quebradas la góndola hace la parada de rigor para
tomarnos una imperdible fotografía en el lugar.
  
La góndola hace sin problema
el camino por túneles seguidos de puentes y nuevamente túneles. La
geografía hace de este recorrido algo realmente único.
 
Después de esta parada
emprendemos camino hacia la estación de Río Blanco, último tramo
activo de lo que fue el transandino. Desde esta estación los trenes
suben a La Andina en busca del concentrado de cobre, para llevarlo a
Valparaíso transbordando la carga en Los Andes a trenes de trocha
ancha. Río Blanco consta de una estación, un par de casas aledañas,
una escuelita y una plaza.
 
 
Una vez llegado a Río Blanco
nos esperan para llevarnos a la Hostería Ventisqueros para reponer
energías. Un vino caliente nos está esperando, nada mejor para el
frío andino, después empanadas y un buen asado para conversar y
compartir las experiencias vividas…

Una vez terminado el almuerzo
debemos volver a Río Blanco para tomar la góndola rumbo a Los Andes.
Algunos aventureros deciden volver un buen trecho del camino por la
línea del tren, cruzando el puente que llega hasta la estación.
 
El viaje de regreso nos lleva
a Los Andes, coronando así una jornada que fue sin duda una gran
experiencia para todos y la oportunidad de compartir y poder
hacernos alguna idea de lo que algún día fue el ferrocarril
transandino.

Fin
 |