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Ferrocarril Transandino y la Góndola Carril
Por Francisco Javier Poblete
Grandes nubes cubren la poco
primaveral mañana del 2 de octubre de 2005 en Los Andes. El
persistente viento parece anunciarnos que la lluvia será una
compañera más de quienes conoceremos un poco más de nuestro
patrimonio ferroviario. Escondida detrás de un gran portón en
Avenida Argentina 51, se encuentra la Maestranza de Ferrocarril del
Pacífico (FEPASA). Galpones e instalaciones que guardan vestigios de
un pasado histórico; lo que algún día fue el centro neurálgico del
Ferrocarril Transandino.

El Ferrocarril Transandino
Fue en 1910, cuando después
de numerosos contratiempos y dificultades se inaugura oficialmente
el ferrocarril transandino que une Chile y Argentina a través de la
cordillera de Los Andes. Se eligió como fecha de inauguración el
martes 6 de abril, en recuerdo de la Batalla de Maipú, donde la
entrega del túnel La Cumbre marca el final de los trabajos
pendientes para la unión definitiva entre las naciones. “Ayer se ha
realizado un acto de la mayor trascendencia internacional, que
significará para la República Argentina y Chile la unión por medio
de la vía ferroviaria que impulsará el desarrollo de toda clase de
vinculaciones entre los países indicados” con estas palabras El
Mercurio de Santiago del 6 de Abril de 1910 daba a conocer este
hecho histórico en el año del centenario de Chile.

El ferrocarril une Los Andes
y Mendoza a través del paso Uspallata con 71 kilómetros de línea
férrea del lado Chileno y 179 kilómetros del lado Argentino. La
iniciativa fue mérito de los hermanos Mateo y Juan Clark, hijos de
madre argentina y padre británico, quienes basados en su experiencia
de la primera conexión telegráfica entre Chile y Argentina
propusieron los valles de Juncal (Chile) y Las Cuevas (Argentina)
como base del trazado ferroviario. La justificación del proyecto se
basaba en ser una vía de transporte de importaciones a Mendoza vía
Valparaíso, junto con la especulación que de realizarse la ruta
transandina ésta se transformaría en un corredor interoceánico tanto
para carga como pasajeros al convertirse en el camino más corto
entre Europa y Australia.
La adjudicación de la
concesión del ferrocarril fue aprobada los años 1872 y 1874 por los
congresos de Chile y Argentina respectivamente, iniciándose la
construcción recién en 1887. Los problemas financieros y demoras en
la construcción sobre todo por parte de Chile hicieron que los
hermanos Clark perdieran la concesión del estado y el proyecto se
asignara a la Compañía Constructora del Ferrocarril Transandino
Limitada.
Las encargadas de dar vida a
los viajes a través de la cordillera de Los Andes fueron las
locomotoras a vapor Kitson-Meyer. El ferrocarril contaba con nueve
unidades, tres de ellas pertenecientes a la compañía chilena y seis
de la Argentina. En la foto las Kitson-Meyer del Ferrocarril
Argentino cruzando puentes en distintas secciones de la Cordillera
de Los Andes.
 
Estas máquinas operaron hasta
la década de los 60 aún cuando su utilización era muy costosa y
complicada. Altos costos de mantención mecánica por uso de
cremallera, bajo rendimiento de combustible, problemas de operación
dentro de los túneles, problemas de diseño de la vía y limitaciones
de servicio por problemas climáticos (que en años llegó a superar
los 130 días de suspensión) no auguraban un futuro muy promisorio
para estas locomotoras. Actualmente, de las tres unidades chilenas
una se encuentra en La Maestranza de Los Andes y otra en el Museo
Ferroviario de Santiago.
En 1927 se inaugura el primer
tramo electrificado entre Río Blanco y Las Cuevas (primera estación
del lado argentino). Los Andes se incorpora recién en 1954. Para el
tramo electrificado se adquirieron tres locomotoras eléctricas
articuladas con cremalleras fabricadas por SLM / Brown Boveri de
Suiza. En la primera foto se observa una locomotor E-100 en
caracoles, y en la segunda fotografía la E-102 en Río Blanco.
 
Se esperaba que la
electrificación ayudara financieramente a la operación del
transandino, pero la falta de coordinación con Argentina (que
mantuvo su tramo sin electrificar), el uso obligado de las Kitson-Meyer
en tramos no electrificados en Chile y la destrucción del tendido en
Argentina el año 1934, que sentenció a 10 años de interrupción del
transandino, imposibilitaron este anhelo.
En 1970, el auge de
construcción de carreteras en Argentina ayudó de manera inesperada
al transandino que producto de exportación de cemento incrementó sus
volúmenes de carga considerablemente. Pero esto también marcaba la
intención del gobierno argentino de invertir en su principal
competidor. La turbulenta vida del transandino se acercaba a su fin,
pero el inminente cierre fue evitado transitoriamente por la mina de
cobre La Andina, primero gracias a su construcción y luego por el
transporte de concentrado de cobre. Finalmente el año 1984 un gran
avalancha, ahora del lado chileno, sepultó el transandino para
siempre, al cierre del tráfico de pasajeros en 1979 se sumaba ahora
el cierre total del servicio.
A once años de su cierre la
vía se encuentra transitable sólo en el tramo Los Andes – Río Blanco
utilizado por FEPASA para el transporte de cobre. El resto de la vía
en el lado chileno se encuentra prácticamente desaparecida, a ratos
por el lado del camino internacional puede verse restos de la línea
con su cremallera, puentes ferroviarios y cobertizos de locomotoras.
En la Maestranza de Los Andes se trabaja en la creación del futuro
Museo Ferroviario de Los Andes, y como una forma de recabar fondos
se ofrece al público viajes en Góndola – Carril. Es precisamente esa
la razón de nuestro viaje hasta Los Andes.
Al entrar a la maestranza nos
encontramos de frente con una Kitson-Meyer, recuperada y restaurada
esta locomotora se encuentra actualmente en estado funcional. Esta
locomotora, la Z 3348 se fabricó el año 1908.

Entrando un poco más en la
maestranza se encuentran dos locomotoras E-100 que descansan en los
galpones de remodelación y acondicionamiento.
 
Al lado de la Kitson-Meyer se
encuentra una locomotora E-200, de procedencia suiza fabricada el
año 1958.

Otra curiosidad que llama
inmediatamente la atención del visitante es el gigantesco
barrenieves ALC0 construido el año 1907. Este barrenieves fue
adquirido dadas las precarias condiciones climáticas imperantes en
el duro invierno cordillerano. Para su restauración tuvo que ser
rescatado desde un cruce cerca de Río Blanco en estado de abandono
absoluto.

La real dimensión de este
barrenieves se puede apreciar al compararse con el tamaño de las
personas. Se puede ver que el diámetro de las aspas fácilmente
alcanza los tres metros.

El tiempo se hizo corto para
visitar y fotografiar el diverso material tanto antiguo como moderno
que se encontraba presente.
 
La maestranza de Los Andes
tiene una tornamesa manual donde antiguamente debieran haber
descansado las locomotoras provenientes de la exigente ruta a
Mendoza. Es ahí donde se encuentra la góndola carril que nos llevará
desde Los Andes a Río Blanco
 
La Góndola carril, construida
el año 1926, declarada monumento nacional, se utilizaba
principalmente para el transporte de funcionarios del ferrocarril
Transandino entre distintos puntos del trazado. Las siguientes tres
fotografías muestran la distintas pinturas aplicadas a la góndola,
las últimas dos correspondientes a los años 2004 y 2005.
  
La maestranza de Los Andes
tiene, sin duda, innumerables sorpresas, rincones que descubrir,
fotografías que tomar, ángulos que observar…
 
… pero hay que partir, la
góndola nos espera para iniciar nuestra aventura por la trocha
angosta de la ruta del transandino…

Bibliografía:
-
Ian Thomson: “The Transandine Railway: a Hundred Year Long Financial
Disaster that still Attracts Investors”
-
El Mercurio de Santiago, edición del 6 de abril de 1910
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